BIOGRAFIAS DE LOS POETAS SALVADOREÑOS
Salvador Salazar Arrue
Salarrué (Sonzacate, 22 de octubre de 1899 - Los Planes de Renderos, San Salvador, 27 de noviembre de 1975) fue un artista salvadoreño.
Trabajó en el campo de la literatura y las artes plásticas, pero ha
sido su obra narrativa la más conocida de sus creaciones, entre las que
destacan Cuentos de barro y Cuentos de cipotes. SU POEMA
ESTO
Dicen que pretendo o miento cuando escribo. No hay tal cosa. Simplemente ciento imaginando. No uso las cuerdas del corazon todo cuanto sueño o pierdo, que pronto cae o muere en mi, es como una terraza que mira otras cosas mas alla esas cosas me arrastran y asi escribo en medio de las cosas no junto a mis pies, libre de mi propiedad confucion, preocupado por cuantos no es. sentir Dejamos al lector sentir.
Serafin Quiteño
(n. Santa Ana; 16 de septiembre de 1906 – f. San Salvador; 6 de junio de 1987) fue un poeta y periodista salvadoreño.La formación de Quiteño fue autodidacta, y comenzó a publicar sus poemas en la revista Lumen en 1926. En 1939 fue director y propietario de la editorial Ir en Santa Ana; además trabajó en varios periódicos como el Diario de occidente, El salvadoreño (1926-1927) y Queremos (1927).
SU POEMA LA PALABRA QUE VISTE
La palabra que viste es siempre muda,
La palabra que viste es siempre triste.
No une , no libera, no persiste...
La palabra que viste no te ayuda
Si pretende asistirte, no te asiste.
Si abrazo, si defensa, no te escuda.
La palabra que viste es la mas ruda
Entre todas las carceles que viste.
Por ellas, muro, ergastula cadena
La isla del corazon, es mas condena
Y la noche del hombre mas sañuda
Ah reposada soledad serena,
dame por fin haber la ultima pena...
yo quiero la palabra desnuda.
CLAUDIA LARS
Margarita del Carmen Brannon Vega, conocida por su seudónimo Claudia Lars (Armenia, 20 de diciembre de 1899-San Salvador, 22 de julio de 1974), fue una poetisa salvadoreña. Su obra es considerada de un depurado lirismo y dominio de la métrica.1
POEMA CANCION QUE TE HIZO DORMIR
¡qué largos cabellos!...
Los suelta en la torre,
la torre del viento.
Los peina en el valle,
los trenza en el cerro,
los abre en las ramas
frías del almendro.
¡La noche del mundo:
qué oscuro su cuerpo!...
En él transforman
las cosas del suelo:
el lirio descalzo
se calza de acero;
el loro se vuelve
piedra de silencio;
la errante neblina,
ángel medio ciego;
y el naranjo en flor,
un oso de hielo.
La noche del mundo:
¡qué nombre de sueño,
qué barca volante,
qué tiempo sin tiempo
FRANCISCO GAVIDIA
POEMA LOS NIETOS Y LOS ABUELOS
Vamos a ver ¿qué dices de los que así te oprimen?
Qué dices, ciudadano, de los hijos del crimen?
No ves, no oyes ¡República! Que lloran y que gimen
Los hijos de los héroes que guiaba Morazán?
La Justicia está muerta. La Ley escarnecida.
La conciencia jadeante, muda, entenebrecida:
Las costumbres impuras y la Patria sin vida;
Las almas sin virtudes y las bocas sin pan.
El tirano está puesto, semejante a una araña,
En el centro; domina, traiciona, roba, engaña:
Su red sólida y firme tiene una urdimbre extraña,
Monstruosa, en que las almas se enredan, y él apaña
Dinero, fe, conciencia; con el bien, con el mal:
Él es justicia y jueces, que los ha sobornado;
Dice: yo soy la Ley, y soy el Estado;
Soy la Moral; la Historia, porque yo la he comprado:
El que apalea y mata es grande: yo he matado,
¡Salve al becerro de oro! ¡hosanna al dios Puñal
POETA ALFREDO ESPINO
Edgardo Alfredo Espino Najarro, mejor conocido como Alfredo Espino, fue un poeta salvadoreño. Nació en el Departamento de Ahuachapán, zona occidental de El Salvador, en el año de 1900. Hijo de Enriqueta Najarro,quien era maestra por vocación, y Alfonso Espino, poeta, creció en un hogar que respiraba poesía y amor al arte, su hermano Miguel Ángel Espino que también creció para volverse artista de la pluma pero en la rama de la prosa.
POEMA CAÑAL EN FLOR
Eran mares los cañales
que yo contemplaba un día
(mi barca de fantasía
bogaba sobre esos mares).
El cañal no se enguirnalda
como los mares, de espumas;
sus flores más bien son plumas
sobre espadas de esmeralda...
Los vientos-niños perversos-
bajan desde las montañas,
y se oyen entre las cañas
como deshojando versos...
Mientras el hombre es infiel,
tan buenos son los cañales,
porque teniendo puñales,
se dejan robar la miel...
Y que triste la molienda
aunque vuela por la hacienda
de la alegría el tropel,
porque destrozan entrañas
los trapiches y las cañas...
¡Vierten lagrimas de miel!
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